EL CONDE RUMFORD Y LA PERFORACIÓN DE LOS CAÑONES

Benjamín Thomson (1753-1814) nació de familia humilde en Massachusetts. A los 19 años marchó a la pequeña ciudad de Rumford como maestro de escuela, pero pronto se casó con una viuda de 33 años -rica, por supuesto- y se retiró. Hacia 1.798 abandonó su pais natal a causa de sus simpatías reales durante la revolución y vino a vivir a Europa. Tenía un talento especial para congraciarse con gente importante: el general Washington estuvo a punto de ofrecerle una comisión, lo mismo que el primer cónsul de Francia: Napoleón. Su segundo matrimonio, en 1.805, con la acaudalada, graciosa e incorregible viuda de Lavoisier fue un desastre de corta duración. Era aficionado a cultivar rosas y a ella le encantaba regarlas con agua hirviendo.

Durante un tiempo desempeñó simultáneamente los puestos de ministro de la Guerra, ministro de Policía, Chambelán de la Corte y Consejero de Estado al servicio del elector de Baviera. Cuando éste le nombró conde, tomó la denominación de Rumford y de ahí en adelante se le conoció por este título. A pesar de sus muchas ocupaciones políticas, aún tuvo tiempo para comenzar una serie de experimentos relativos a la naturaleza del calor. He aquí uno de sus experimentos descrito por él mismo:

Estando encargado, como superintendente, del taladro de cañones de la fábrica del arsenal militar de Munich, quedé sorprendido por el grado considerable de calor (hoy diríamos ‘por la elevada temperatura’) que adquiere, en un tiempo muy pequeño, una pieza de latón cuando es perforada; y por el ‘calor’, todavía más intenso, de las virutas metálicas provenientes de la perforación.

Apareció así la idea de que el calor puede engendrarse en cantidades enormes mediante el rozamiento. Esto condujo a Rumford a realizar experimentos con las virutas y el metal en bruto del cañón; vió que las capacidades caloríficas específicas eran iguales.

Los partidarios del calórico hubieran dicho que éste era ‘extraido’ del latón por la taladradora. Pero Rumford demostró que podía continuarse generando calor mientras la pieza de latón se siguiese perforando. Era en apariencia inextinguible, por lo que no podía ser una sustancia material. Rumford aceptó entonces la teoría alternativa, vigente en el siglo XVII, de que el “calor era una manifestación del movimiento”. Sin embargo, habrían de pasar aún varias décadas antes que el calórico fuera rechazado para siempre.

¿Qué hechos, de los narrados en la lectura anterior, no pueden explicarse con la teoría del calórico?.

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